viernes, 21 de octubre de 2016

LETANÍA DE LLUVIA

La lluvia siempre acompaña, con ella mis pensamientos se oscurecen y así  logro profundizar. Cuando te conviertes en una más y sólo logras sobrevivir desde la superficialidad que mandan esos putos cánones erróneos que hacen llamar cultura, momentos como los días lluviosos son un lujo no merecido que precisamente por no merecer, me esfuerzo en aprovechar al máximo. Es como una fiesta a la que acudo yo sola y en la que celebro por todo lo alto mi soledad, mis pajas, mis enajenaciones mentales y mis dudas acerca de si es mejor vivir o más saludable dejar de hacerlo. Una fiesta en la que el Ron actúa como depurativo y aclara mis ideas contribuyendo a acelerar mi latido que tanto deseo últimamente poner al límite. No sé si es aburrimiento, cansancio, desidia o biología, sí, a veces pienso que mi genética tiene un punto negro en forma de cromosoma suicida, pero como no pienso pagar para saberlo, sigo dando vueltas de tuerca a todo este despropósito que lejos de mejorar empeora, que lejos de tranquilizar altera, y que lejos de acercarme a la vida me aproxima a su antagonista desde la dejación más absoluta, pero es que además, lejos de preocuparme me atrae hacia él con un retorcido y extraño cortejo empapado de lluvia, de fluidos sucios de olor a rancio y de un frío indeterminado como el de la guadaña.

Los días no pasan igual cuando son lluviosos y grises, ¡en absoluto!, en estos días y si son varios seguidos, siento la mejora de mi función inmune, se estimula la producción de mi reserva cognitiva y mis pensamientos oscurecidos  me llevan allí. Veo la escena nítida y clara como en un fotograma de calidad inmejorable, un trago de alcohol y un nuevo porro de hierba favorecen ese momento en mi cerebro ocupado sin remedio ya en oscuros menesteres. De todas las experiencias posibles y proclives esta promete ser reveladora, dudo que un buen polvo pueda sacarle ventaja, a ambos les llaman tocar el cielo pero la verdad es que cuando en tu cielo solo hay nubes, estrellas, tormentas o aviones pilotados por psicópatas, ni la muerte ni un clímax de lujo alcanzarían a llevarme a él, todo lo más podría tocar alguna nube con las manos mientras mis brazos yacen enredados en los barrotes de forja del cabecero, y un hombre con soberana destreza me cabalga ágil, hábil y grácil, pero poco más, ¡joder, todo el mundo sabe que las nubes son como los destinos, se nos escapan de las manos!.

Ahora suena el móvil, justo ahora y es él, justo él, la última persona en  el mundo con la que me gustaría hablar, justo esa persona. De toda esta injusticia momentánea extraigo la rápida conclusión de que no obtendrá respuesta, es justo lo que merece y es justo lo que deseo hacer. Sin embargo algo se ha disparado dentro de mí, la rabia contenida, la decepción más cruel de los tiempos, el asco y la náusea de Jean-Paul Sartre y la mía, y en el vacío interno, el eco de mi  voz ahogada por la ira me hace salir corriendo hacia la habitación, me quito el pijama, cojo mis vaqueros rotos, me pongo la camiseta de Motörhead, me suelto la coleta, alboroto mi melena peinándola con mis manos y ante el espejo la primera vez de todo, del sexo, de los sucedáneos amorosos, de las pérdidas y de las ganancias… Trato de imaginar cómo debe ser la primera vez ante un diagnóstico de cáncer cuando te encuentras en la jodida sala de espera de oncología esperando el turno para tu primera dosis de veneno, y ves a veteranos que han perdido ya el cabello, el peso y sus masas musculares, los ves y te ves en ellos, ¿cómo debe ser eso?... Me miro en el espejo asqueada por las sensaciones que la llamada ha provocado en mí, salgo del aseo, cojo las llaves del coche, dejo las de casa y tras un portazo estremecedor bajo las escaleras de dos en dos, presa de una locura por esas primeras veces malas, terroríficas, dolorosas y crueles. Lloro, ya he explotado, una catarata emocional invasora hace su acto de presencia, me siento ante el volante y recapacito. Por lo menos que no se note, no por ahora, luego cogeré la autopista y allí veré el momento oportuno, pero ahora por la ciudad despacio, que no se note, que nadie lo note porque me voy, quiero irme y hacerlo a mi manera en homenaje al senequismo y a todas las primeras veces erróneas y fatídicas de todos los seres que habitan la Tierra, y de mi principalmente.

Frontal y contra un muro, estrepitosa la chapa se hará añicos contra la piedra y el cemento, no tendré tiempo de reaccionar, superaré la barrera del dolor pero el impacto partirá mi alma antes que mi cuerpo, reventará mis ideas suicidas antes que mi cráneo y mi soledad seguirá intacta en ese momento y más presente que en todo el tiempo que ha durado mi existencia. Me vaciaré de sangre y de mi pesar ensangrentado, me helaré por dentro y amorataré por fuera. Será perfecto, nítido y claro como en un fotograma de calidad inmejorable… Será otra primera vez que sin embargo resultará ser la última, sólo fallan dos detalles, es de día y ya no llueve, si no hubiera sonado el teléfono, si no me hubiera molestado,  habría esperado hasta la noche, sobre todo por si de nuevo cae la lluvia. Escucho a Black Sabbath, y subo el volumen aunque en breve soy consciente de que dejará de sonar.

sK

                                                      


11 comentarios:

  1. Por lo que voy viendo, lo único bueno que tiene el otoño es la rima, joder :-( Los ánimos se trasladan a los escritos, espero que se trate de uno que tuvieses guardado. Ánimo si no es así. Al menos tienes buen gusto musical :-)

    Un besito y me voy con la impresión de que tienes muchos frenos: reflexionas.

    :-)?

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    1. Escribir en primera persona llega más, sin duda, tú como yo escribes, y lo haces ¿sobre tu vida, tu sentir?, pero también sobre ficciones, ¿verdad?...

      Que no cunda el pánico, más sí el otoño :)

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  2. Teniendo en cuenta que se lee de un tirón y sin respirar, se me acabó el fuelle justo al final, tomando un poco de aire para escribir: No llueve, luego esperará otro día, espero.
    Para poder irme a dormir algo más tranquilo.
    Feliz otoño!

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    1. No espera, lo hace presa de la rabia desatada por esa llamada, aunque desde luego, hubiera preferido una noche lluviosa. En cualquier caso, duerme tranquilo y pasa un feliz otoño, Alfred!

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  3. Si está decidida que lo haga...
    Así descansará.
    Mirado con frialdad lo único que hace es adelantar el inevitable acontecimiento y ahorrarse mucho sufrimiento.
    Aunque quizá yo buscaría otro tipo de muerte más segura...no sea que no muera y quede peor...


    Besos.

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    1. Así es, tal cual, me gusta el senequismo y su visión del derecho a elegir la propia muerte.

      Besos.

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  4. Me gustaría que no hicieses desaparecer de la faz de la Tierra a tu protagonista, pues esta mañana mientras desayunaba e iba avanzando en la lectura de tu entrada una pulsera en mi muñeca indicaba cada vez un mayor nivel de pulsaciones y eso a pesar de que el triste latido de mi corazón no aparentaba estar tratando de escaparse de mi pecho.
    Confidencialmente, creo que se había conectado por bluetooth con el corazón de la protagonista; si la haces desaparecer estará al otro lado, aunque pensándolo mejor es posible que desde el más allá me siga emocionando esa prota y si no, siempre cabe la posibilidad de la reencarnación; tú decides pero que sepas que juntas, ambas ponéis una magnífica tensión poética en mi lectura.

    Más ron ya, que la fiesta parece empezar.

    Saludos literarios.

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  5. Me he quedado sin palabras...sencillamente...

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  6. Crudo y trepidante texto... Magnífico!

    Besote Sofya! :)

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