jueves, 15 de septiembre de 2016

DIARIO PARA UN DESTIERRO: Memorándum

Hoy me apetece este ponche con hielo y además hacer un memorándum, porque será por el alcohol ya ingerido o tal vez no, que veo una complejidad inagotable para comprender el tiempo y la temporalidad, es difícil pues en cada átomo de presente subsisten sustratos de temporalidades ya pasadas, esto lo complica todo, se complica tanto…

El primero fue Daniel, yo tenía 13 años igual que él, me robó mi primer beso inocente y por ello sin lengua bajo un pino carrasco, tímido y precavido me dijo:”Me gustas mucho”. Lo que más recuerdo de la escena es cómo se agitaban las ramas de los árboles por la brisa, y a lo lejos el valle con la rural imagen del pueblo. Ese mismo año, Mario me robó otro beso en los labios justo al salir de clase, mi padre me esperaba en el coche pero no lo vio, menos mal que los adultos tienen sus problemas y no siempre están pendientes de la prole. Sí, así fue con ambos, supongo que el ir a un colegio de monjas hace mella, a veces lo pensé, ¿porqué no me lanzaba yo y me los tenían que robar?...Conforme crecí supe que no era por la disciplina religiosa con la que nunca comulgué por cierto, sino que en el fondo siempre he sido hostil, ruda y desconfiada con el género masculino y un poco más con el mío, que por algo me es propio, lo que sí es cierto es que sin duda ese fue mi año, dos besos robados, ¡estaba rompedora sin duda!...Ya en el instituto con los 16 Iñigo algo mayor que yo y de Madrid, estuvo por unos meses mandándome cartas románticas de macarra, fardón y gracioso que aún conservo, y de vez en cuando me visitaba soportando los duros trayectos en autobús desde la capital, escuchando a los Reyes del metal, con unos auriculares estrambóticos, que por cierto, me daban vergüenza ajena.

Aquello no prosperó, como de costumbre, ¿por qué iba a hacerlo con toda una vida por delante?...A los 18 Alberto me sedujo desde la sabiduría de los 23, es decir, desde la ingenuidad más absoluta y a las pruebas me remito, el pobre perturbado me pidió matrimonio mientras yo reía a carcajadas feroces, y al ver las lágrimas empañando sus ojos pude comprender que él tampoco era el chico. Le siguió Ignacio con el que batí mi récord hasta los 19, duré casi cinco años, al haber finalizado nuestras carreras me propuso convivencia y entonces huí sin mirar atrás…¡Vaya, pues sí que hace efecto el ponche!, ahora que lo pienso si nunca miré atrás, ¿Por qué lo estoy haciendo justo en este preciso instante de mi vida?...En fin…

Ya con 24 le tocó el turno a Jero, vale Jerónimo, pero tenía un grupo de música y vestía más en diminutivo, recuerdos increíbles de noches de conciertos por la paz que acababan a hostia limpia, con él duré lo indecible pero me aburrí mucho más… Después vino Fernando, un campeón que sin embargo no llegó a la meta, obviamente hablo de mí meta. Josué que resultó ser un pusilánime, Lucas que me encantó y no sé porqué dejó de encantarme, Pablo que ya desde la veteranía me llegó a asquear porque su vida era el mundo de las adicciones perpetuas… Luego vino Claudio con cuya mujer me llevaba estupendamente, tanto que ella lo descubrió todo y me propuso una infidelidad lésbica, ¡fue divertido! Raquel no quería que el affaire fuese descubierto para devolvérsela silenciosa y sibilina, fue tan sensual,  y mis orgasmos con ella he de confesar que de calidad muy superior, además me dijo: “ me excita tanto la sola idea de oler las páginas de tu libro y tenerte entre mis sábanas”, acostumbrada como estaba a tórridas peticiones para oler mis bragas, la verdad, no había color… Carlos que gritaba demasiado durante el sexo y en las reuniones de comunidad notaba las miradas furtivas de ciertos vecinos por los escándalos nocturnos de nuestras ardientes sesiones. 

¡Y bueno!, que como decía al principio, todo se complica  y se complica tanto… Es como jugar a desmontar la felicidad montándote en el carro de la vida sin apreciar lo asombrosa que es ésta, cuando sabes sobradamente que las jodidas ruedas del carro son cuadradas…

Es un “¿qué más quieres?” en toda regla y en plan grito desgarrado, tan desgarrado como tu propia existencia.

sK

                                                    


10 comentarios:

  1. Me has hecho volver al pasado... visto desde ahora no me comprendo pero bueno yo también era otro... cuánta gente, cuántas historias... y todo eso se lo llevará la nada...

    Besos.

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    1. Eso es lo que he querido reflejar, la dificultad para asimilar el tiempo y la temporalidad, un todo para nada.
      Me alegra que hayas hecho tu particular viaje al pasado, una revisión desde el presente puede resultar hasta divertida, ¡según el enfoque! ;)

      Besos Xavi!

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  2. De toda esa gente queda algo en el poso del ponche?
    Besos.

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    1. Siempre queda algo de las personas con las que hemos compartido espacios a lo largo de nuestras vidas, y esto puede resultar ser tan bueno como malo jajajajaja

      Besos.

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  3. La insoportable levedad del pasado. Historias que nos escupen nostalgia, resentimiento e incluso satisfacción. Resulta creíble incluso la imaginación con el tiempo se desdibuja la realidad y la adaptamos a las circunstancias. Creo que ya es muy tarde. Me voy a la cama. Sola y feliz

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  4. Solemne acto de evocación y recapitulación cronológica de un sinfín finito pero aún no completo que parece manifestar tendencia por revalorizar vida o estilo de un pasado. ¿Cosas de la edad, del alcohol o tal vez sólo de un momento de la vida?. A lo mejor nada de eso, sólo una historia más pero muy bien contada.

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