sábado, 26 de marzo de 2016

DE APARECIDOS Y OTRAS HIERBAS

Mirando el retrato de familia una extraña sensación me invade, siempre recluida en mi escondite leyendo a mis autores de culto y ahora me parece muy desagradable la compañía humana.

Con la escarcha en mi mirada y la vileza de mi mente les observo, y encima ese jodido retrato de familia sobre la chimenea es el que preside tremebunda falacia… Hablando de superficialidades desde esa superficie que me deja perpleja, y frente a mí, una anciana que parece lúcida me sonríe invitándome a la complicidad, aunque creo que no es de los nuestros, no parece de carne y hueso, tal vez no esté viva… ¿Paranoias, alucinaciones visuales, alguno de mis ancestros con los que nunca hubo relación alguna en forma de aparición?... No entiendo nada, no les entiendo, no hay sentido en esta puesta en escena en la que se deshacen en elogios, un recurso gratuito del que se obtienen pírricas ganancias… Un par de ellos, de los santos varones, llevan otras vidas más alegres de tugurios de fulanas y fingen muy bien una actitud de seriedad y entrega a sus familias… Un joven del grupo, amigo de un primo insoportable y menos mal que lejano, tiene un atractivo deje punky por el que podría dejarme llevar un rato si no fuera porque me invade una sensación de colapso que estoy empezando a no tolerar… Y no la tolero…

Efectivamente, para distender definitivamente el ambiente, me levanto mirando a las bestias pardas que me rodean y digo en voz alta: “¡No saldré jamás!”… De mi escondite obviamente…

Todos me miran en silencio, me dispongo a salir de la estancia y me acerco al orejero donde está sentada la anciana sonriente, le correspondo con una de mis mejores sonrisas, cómplice como creo yo que ella deseaba, y entonces alguien dice: “¿Qué hace, si el sillón está vacío, a quién coño sonríe?”

En ese preciso instante cierro la puerta fastuosa de caoba y entonces mi respiración se normaliza, mi percepción se estabiliza y mi locura me hace sentir como en casa… En mi casa que es mi templo, y que además, es sólo mío.

sK

                                                  


                                                        

sábado, 19 de marzo de 2016

DIARIO PARA UN DESTIERRO: La duda infinita

Estoy de buen humor y no tengo ganas de discutir acerca de la duda infinita…El maldito ritual de recordar durante tanto tiempo las mismas cosas, convierte paradójicamente el proceso de la rutina en algo exclusivo, personalizado, incluso memorable, un cambio puntual en la monotonía de los días encadenados en el que la norma es “mujer feliz, vida feliz”…

La duda infinita y  el método, porque el método es siempre importante, sobre todo ante desarrollos largos y complejos, como por ejemplo, el método de succión del néctar de un colibrí y ese vuelo curioso, certero y estiloso que sólo ellos saben lucir, suspendidos y nectarívoros por excelencia.

La duda infinita incluso sabiendo que el amor no es una noche encantada, ni un quiero bailar contigo y también organizar tu vida, ni un conseguir mi sueño, ni tan siquiera un apostar por ello. Estoy de buen humor y no tengo ganas de discutir acerca de la duda infinita, sin embargo sólo me gusta comerme los caramelos de color marrón, porque alguien me dijo una vez que son los que menos colorantes tienen, así que escarbo y rebusco en las bolsas de Lacasitos para seleccionarlos con escrúpulo, y esta manía y todo lo demás es por la duda infinita, acerca de la que no voy a discutir, porque hoy para variar, estoy de buen humor.


sK

                                                           

sábado, 12 de marzo de 2016

# 18

En la trascendencia y sin distingos de tonos aprecio una extraña belleza ambigua, veo en ella el vademécum de la existencia que tanto demonizan  los humanos terrenales… Porque en la conjunción de la espiritualidad y lo terrenal está el secreto guardado de una vida prolífica y en la simplificación del universo van todas nuestras posibilidades manidas.

Ahora mismo podría sentir vergüenza de no haber pensado todo esto antes, porque saber que en la trascendencia y en el trascender está el germen seminal de la existencia, es conocer la condición sine qua non para que el hecho de echarnos al mundo y ponernos un nombre, sea la oportunidad por excelencia y con letras mayúsculas…

LA OPORTUNIDAD para lo que queramos, ser o no ser.

sK

                                                               



sábado, 5 de marzo de 2016

ALESSANDRA

Pensando en la muerte creó su vida y su óbito… Todos tenemos máscaras, sin embargo la suya era la máscara de la locura, salvada pese a todo por no creer en la falacia de una recompensa divina, idea de la que supo desprenderse a través de una especie de proceso de evitación, eso que algunos se esfuerzan en conceptualizar como ateísmo. Entonces me miró con gesto de contrasentido y me dijo: “Sólo una sugerencia, la vida es extraña incluso aunque tu clara tendencia sea soñar a lo grande”…

Yo la observaba mientras ella daba un trago a su Gin tonic, Alessandra era una italiana siniestra, una guerrera herida que sólo se enamoró una vez y que al quedar embarazada se vio sola mientras él huía cruzando el charco, sin embargo ella podía con todo con gracia y aplomo, era un genio visionario, una líder que encontraba la inspiración en el fracaso y que al nacer su bebé hinchado y muerto, pidió a los médicos y enfermeras que la dejaran a solas con la criatura durante una hora… Lo acunó y arropó, lo besó despacio y delicadamente, le puso un nombre que sólo ella sabía y que se prometió así misma no pronunciar jamás en voz alta, después lo metieron en una caja y tuvo que continuar con su vida… Llamaba a las cosas por su nombre y mientras al lado nuestro tenía lugar una contienda entre varias personas, me miró apaciblemente y me dijo: “La gente se pelea y eso no nos concierne”, se levantó de la silla y se sentó en el suelo dejando que la lluvia la empapara. La gente de la terraza menos los que discutían la miraban estupefactos. El camarero que salió  para servir a una pareja recién llegada en la mesa de al lado nuestro, la miró sonriendo… Pienso yo, que tal vez enamorado…

sK