sábado, 21 de noviembre de 2015

EL FUNERAL

Hoy recuerdo como si reviviese de nuevo aquel instante, el funeral del tío Simón… La expresión de aquel gélido rostro no inmutó mi alma, ni su tono amoratado que casi lo cubría como un ligero tul, ni esas presuntuosas coronas rodeándole inevitablemente, ni su olor, ese aroma imperceptible para todos los presentes ocupados en argumentar los casi setenta y cinco años de vida perecedera ya, el aroma del perfume de la mujer de negro con guantes de encaje que para mí todavía husmeaba por la sala… No había nada que pudiera alterar el transcurrir lógico del encuentro ineludible e inoportuno como de costumbre, con mi tío Simón…Tal vez sí había algo susceptible de mención al respecto... ¡El perifollo de la abuela Ifigenia!, era el segundo hijo al que enterraba y yo miraba perpleja la cantidad de maquillaje que mi abuela había decidido gastar para la ocasión… ¡Pobre viuda loca!... Aparecieron en escena los mejores amigos de mis padres, un matrimonio bien avenido de cara a la galería como tantos otros y con una posición social considerable, él fue mi profesor en la facultad de Filosofía y ahora hablaba con mi padre mientras éste ignoraba que su gran amigo Primitivo, además de profesor fue amante de su hija durante un tiempo formidable… La situación me pareció divertida y las miradas de Primitivo también… De momento un trasiego de familiares y conocidos, amigos y saludables surgen como en  cascada. La prima Aurora  psicóloga y profesional de las relaciones sociales, y su marido Fernando  profesional de la informática, ambos infieles cada uno a través de su especialidad, ella con un compañero de su clínica, él a través del cibersexo… Sandra, la prima sola y soltera a la que los hombres han utilizado por mil historias y por sus mil encantos: funcionaria, monitora de Chi kung, desapegada de lo material y de la familia, atlética, mujer tranquila no generadora de conflictos y en el fondo una incomprendida… Alejo, el hermano mayor de Simón y papá, un empresario jubilado  divorciado dos veces y casado tres, las últimas nupcias con una cubana que era la chica que limpiaba su casa y que no sé porqué, pero me parece que le tira los trastos a mi padre, el hermanito pequeño y culto de la loca familia en la que todo y todos tienen su lugar, sin remilgos ni racismos o xenofobias, ¡la tolerancia y la apariencia al poder!

También está la otra hermana de la abuela Ifigenia, Nicasia y su hijo León diagnosticado como maniaco-depresivo y casado además con la hija de unos amigos de sus padres, la cual optó por abandonarlo cuando nació su único hijo y además no volvieron a saber de ella… Menos mal que el chiquillo se crió con los abuelos y por lo menos se ha convertido en un respetable y joven abogado, con el que de tarde en tarde cruzo algunas palabras durante los eventos familiares en los que coincidimos: bautizos, comuniones, bodas y funerales como el de hoy.

Entre la gente veo a mi madre perdida como de costumbre en estas situaciones con su familia política a cuestas, aunque observo que de vez en cuando mira a papa y le sonríe irónica ante las descaradas insinuaciones de la cuñada cubana, y mientras observo este anecdótico detalle, Primitivo se aproxima a mí y me insinúa que podríamos volver a vernos…. Le miro y él sigue ahí, Simón sigue ahí pero ya no está… De repente la hija del tío Gregorio, el otro hermano fallecido,  irrumpe en la sala y se abraza a la abuela Ifigenia que la mira de reojo, porque la prima Alba al parecer, ha cogido unos kilos de más y se ha echado como diez años encima.

Nada era lo que parecía,  lo único cierto e irrevocable era que Simón ya no estaba entre los vivos, el resto era todo un teatro que los presentes nos esforzábamos por mantener, hasta que la mujer de negro con guantes de encaje volviese de nuevo con el firme propósito de llevarse alguno más con ella, seguro que si el tío Simón levantara la cabeza diría: “¿Este rito para quién es, para mí o para vosotros?, ¡ya está bien de cotilleos y planes que en breve me incineran joder!”…Y entre éstas y las otras la levedad del ser, la marcha definitiva de los queridos y de los menos amados, la farsa de la vida y los secretos que animan el alma…Y entre dimes y diretes como por arte de magia, surge el momento en que la soledad hace su acto de presencia y es justo con su presencia, cuando mi ser comienza a interpretar el sentido de tantas cosas… El tío Simón sabía vivir el presente, el ahora… Dejó su pasado atrás, con capítulos cerrados y otros inconclusos que intentó olvidar o por lo menos no recordar, optó por no proyectar, el futuro era incierto y sabía que había algo que ocurriría sin querer, pero eso no dependía de él, lo sabía y así sucedió… Por eso él ya no estaba.

Apareció de repente la hermana de mamá, la tía Floren que se acercó a su cuñado (a papá) y le dio un profundo abrazo con beso incluido… Aunque papá no parece muy afectado sí me ha reconocido que es muy triste despedir a un hermano cuando ya se es mayor,  y además, la idea de la incineración le provoca más tristeza, es como asistir a la desaparición completa e integral de su hermano… Son las cosas de la vida y de la muerte, del ir y del venir, del ser o no ser, del estar o el parecer… La tía Floren  fue a saludar a la abuela Ifigenia, a la que siempre consideró una mujer de gran fortaleza física y emocional, no fue en vano su nombre del griego: “mujer de raza fuerte”, a la abuela por su parte, siempre le gustó la tía Floren por su autodeterminación y carácter abierto incluso desenfadado, a mí también me gusta la tía Floren, pero la abuela Ifigenia no.
 
La prima Aurora y la prima Alba están hablando, Fernando anda ahora con papá y con Primitivo y Carmen la esposa del último se aproxima a mí y me tantea…Todos quieren conocerme un novio, todos quieren que siente la cabeza, pero no necesito eso ahora, de hecho mientras ella me preguntaba decidí que volveré a quedar con su marido, volveré a retozar con él y volveré a hacerle perder la cabeza… Mamá se acerca mientras mis sucios pensamientos me arrastran hacia Primitivo, y  Carmen, su estupenda esposa,  intenta entablar una conversación conmigo, al parecer la sala se estaba cargando y mi madre sugería un paseo exterior, quizá para contemplar detenidamente la fantástica exposición de coronas de la entrada, la explosión de colorido y su diversidad geométrica basada en la cruz (nuestra herencia judeo-cristiana) y en los círculos (nuestra herencia cerebral, pues siempre nuestros pensamientos se mueven como esa figura geométrica y por ello al final perecemos)…Yo mientras, de la mano de la soledad, y el tío Simón, lo mismo de la de su hermano, porque su padre no creo que haya venido a buscarle, probablemente todavía sigan sin hablarse.

Desde fuera podría tratarse de un día más en el que por cierto, no tengo ganas de entrar en el debate del suculento y seguro negocio de la muerte, pero desde luego lo que sí es verdad, es que para estar de paso nos complicamos demasiado la existencia creándonos nuevas necesidades y pasando por alto la simplicidad y la belleza de la vida… Cuando era una niña de mayor quería ser feliz y ahora que ya soy mayor, me conformo con alcanzar un estado de serenidad considerable, que me permita disfrutar de los pequeños momentos de felicidad que se presenten en mi vida, creo que así moriré satisfecha con mi aprendizaje y ¡eso sí, que me rodeen de flores de todos los colores, pero ramos, yo quiero ramos, no quiero cruces ni círculos, ramilletes por doquier!... A ser posible, uno por cada persona que venga a despedirme…Yo quiero flores de todos los colores y tamaños, con aromas imposibles que disimulen el impenetrable perfume de la mujer de negro con guantes de encaje.

sK

                             
                          


























10 comentarios:

  1. Te llevaré un ramo si me liberas de conocer a toda esa familia!!!
    Besos!

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    1. Liberado quedas...Recuerda, de aromas imposibles ...

      Besos Alfred!

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  2. Me has hecho pasar un rato estupendo con tu relato. Divertidisímo por el tono irónico con el que lo has escrito. Toda una caricatura de muchos funerales.
    Ah, yo también me apunto a los ramos de flores que oculten el olor de esa implacable mujer de negro con guantes de encaje. Nada de coronas, ni centros, ni cestas de flores.
    Un besote.

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    1. Me alegra que te hayas divertido Isabel, la ironía es un arma infalible en determinados momentos o circunstancias, y pensé que en la muerte también podría serlo....¡Ramos, claro que sí, ramos de flores!...

      Besote ;)

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  3. Genial.
    Todas las familias son un sainete.
    Y la vida una farsa de mal gustos.

    Un ramo de besos para ti.

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    1. Gracias, gracias, gracias...

      Besos Xavi! :)

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  4. Enrevesado y de una calidad abrumadora. Inquietante algun momento como el que alude a la incineración o la figura omnipresente en todo final, la mujer de negro.

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  5. Ya te falta menos para el siguiente óbito y además es que tú los enterrarás a todos y si así no fuese se quedarán sin una bonita crónica de sociedad de su muerte y llegado a este punto, como nadie me dió vela en este entierro, tras un vistazo a los bruñidos candelabros que circundan el ataúd de cedro, abandono la sala antes que hables de mi y me armes un cirio.

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    1. Jajajajajaja....

      Gracias por no faltar a ninguno de mis funerales y por supuesto,por lo que me dices.

      Saludos!

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