domingo, 15 de noviembre de 2015

EL FORENSE

Su cuerpo presentaba marcas externas y además el forense contaba con algunas más internas, y esas eran tan presentidas como obvias, pura cortesía de la especie y del duro transcurrir de  su propia existencia ya extinta… Había cicatrices profundas y algunas superficiales, y aunque él era empírico y científico, el hecho de ver y tocar con sus propias manos los corazones humanos, le había convertido en un ser dual, completo aunque complejo y contradictorio, pero sobre todo taciturno ante la evidencia de que un corazón sin latido es el final irrevocable de una existencia, y tocarlo en ese estado final, le seguía desarmando pese a los años de experiencia.

En este proceso de abrir cuerpos en canal a lo largo de tanto tiempo, pudo entender que si quieres a alguien debes respetar sus deseos, incluso si te pide que no necesitará en ese momento ninguna simbólica reparación moral en forma de misa o de evento formal… Aunque te diga que quiere que le ayudes a despegar de la tierra al mar para navegar a toda máquina, al límite, y poder  saber de verdad cómo es la misteriosa sensación de no poder sentir nunca más…Y además hacerlo como si tuviera sal en sus venas ya desintegradas y volátiles, como si finalmente la vida tuviese sentido gracias a ese último viaje… Hacerlo como si nada, porque en nada se habrá convertido y ya nada más sucederá con esa persona… Pensaba todas estas cosas con una autosuficiencia casi agresiva, porque él nadaba todos los días entre dos aguas.

Entenderlo no es fácil, menos aún aceptarlo, pero cuando ves y palpas el enigma de los cerebros humanos que ya no pueden pensar, entiendes que lo realmente fácil es amar a los que amamos y  lo tremendamente difícil está por llegar con su partida: “Porque, ¿cómo se ama a alguien que ya no está y que nunca volverá?”...

De todos los dolores este podría ser el más profundo y abismal, en nuestras manos temblorosas ante la pérdida está el poder de no convertirlo en sufrimiento futuro… En ese momento, sólo podemos permitirnos llorar la impotencia y acompañar al que parte en sus últimos deseos, si tuvo tiempo de expresarlos, aunque con la extraña sensación de que ya no está… Tímidamente un atisbo consolador que ilumina triste esas horas oscuras, y es creer que merece la pena nuestro final, y es ver en él la recompensa tras el duro trabajo de existir para bien o para mal, aunque tal vez lo hayamos hecho más mal que bien.

Ver la juventud de la chica le hizo entristecer aún más, y entendió que adoraba su trabajo, porque cuando morimos nos sentimos muy solos aunque nos acompañen… Y este momento decisivo en el que él tenía que averiguar los motivos de su marcha, eran especiales y definitivos para escuchar a su cuerpo y para examinar sus órganos en busca de un diagnóstico final, pues ella ya no podía pronunciarse… El simbolismo de la situación era como un universo particular y fascinante que engrandecía ese silencio juntos. Afuera, todos esperaban un veredicto, un porqué de ese fallecimiento, una lógica ilógica, real e irreal aunque sobre todo injusta a todas luces… Pero tan injusta es la muerte como lo es la vida, en su carrera había llegado a la conclusión de que lo justo es un espejismo, de que las existencias son desiertos y de que tal vez su misterio puede convertir nuestra muerte en un oasis… ¡Quién sabe!... ¿Quién quiere saberlo?... ¿Quién lo necesita saber?...

En su soledad con los muertos apreciaba mejor tantas cosas…. Sin aditivos, sin escándalos, sin flechas envenenadas… Un cuento triste, de derrotas y de muertes, en el que cada día había nuevos protagonistas, y del que él ya había extraído hace mucho tiempo sabias enseñanzas.

sK

                                                            




20 comentarios:

  1. En la medida en que recordemos a nuestros muertos y los tengamos presentes en aquellas situaciones no solo de celebraciones rutinarias periódicas, que a veces se suelen hacer, sino cuando hacemos nuestros actos cotidianos sintiendo su presencia en nuestra realización.
    Un beso Sofya, me ha encantado.

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    1. Así es Alfred, yo comparto mi rutina con alguien muy especial, todos los días le recuerdo, todos...

      Me alegra que te haya gustado tanto.

      Un beso.

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  2. Ciclo a la muerte. ¡Emocionante y con morbo! Eres increíble.

    Un saludín! :)

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    1. ¿Yo, increíble?...¡Pues anda que tú!...

      Un abrazo enorme :)

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  3. La dualidad eterna, ser o no ser. La cosa más cruda y también la más real. Un rato de romperse la cabeza, vamos a ello.

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    1. La dualidad, sí señor.... Tan complicada, tan retorcida, tan impresionante para aprender a vivir.
      No rompas esa cabeza tan privilegiada, es un privilegio para los que podemos disfrutarla (valga la redundancia)

      Abrazo Víctor.

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  4. El forense, lector de muertos e intérprete de muertes, tiene en ello precisamente su modo de vida; curioso al menos.

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    1. Modo de vida curioso, interesante y vital, aunque hablemos de la muerte.

      Un saludo.

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  5. Con tu narración me has hecho imaginarme el día a día de los forenses. Supongo que acaban acostumbrándose a su «campo de trabajo», los cadáveres; pero intuyo —como tú— que les tienes que rondar pensamientos muy filosóficos sobre la vida y la muerte.
    Desde otro punto de vista, con relación a los seres queridos que ya han muerto, creo que de algún modo viven en nosotros y nos acompañan siempre. De acuerdo que quedan en un nivel interior, de conciencia, paralizadas sus vidas, aunque no sus enseñanzas ni su apoyo ni sus sonrisas que nos ayudan a seguir. En cierto modo (o sin cierto), nos hablan en situaciones difíciles desde dentro, los vemos moverse, reaccionar y hasta protegernos.
    La muerte, qué gran enigma para los vivos…
    Un beso enorme, Sofya. A ver si puedo asomarme más por aquí, que llevo unos meses de cervicales…

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    1. Que alegría verte por aquí Isabel, además diciendo cosas bonitas...
      Cuidate mucho, a ver si mejoras :)

      Beso enorme.

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  6. No quiero ponerme trascendente con este tema.
    Voy a regalarte un Justiniano que en cierta manera está relacionado:

    JUSTINIANO 37

    Justiniano está trabajando/
    como maquillador de cadáveres/
    en una empresa funeraria/
    y al segundo día/
    por enfermedad de su jefe/
    ha tenido que hacerse cargo/
    de preparar dieciseis difuntos/
    y se ha puesto a ello con toda su ilusión/
    manejando con brío pinceles/
    pinturas y todo tipo de sustancias/
    pero ciertamente Justiniano/
    no goza de grandes aptitudes artísticas/
    y después de diez horas de trabajo/
    el resultado es francamente horroroso/
    y dado que se acerca la hora/
    en que expondrán los cadáveres/
    Justiniano ha tenido que tomar/
    una solución drástica/
    que ha sido terriblemente criticada/
    incluso con intentos de agresión/
    por los quisquillosos familiares de los difuntos/
    cuando al acercarse a los mismos/
    han comprobado que ahora son negros.

    Besos.

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    1. Gracias por el regalo Xavi... Este personaje tuyo, el tal Justiniano, siempre viviendo al límite, desde luego que cuando le llegue el momento final, descansará, pero mucho :)

      Besos!

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  7. En el fondo investigaba la vida...
    Besos.

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    1. Sí, yo veo en la muerte la gran reveladora de los secretos de la vida no sólo como ciclo, sino también como existencia.

      Besos Amapola, gracias por pasarte :)

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  8. Me gustó tu relato
    Fijate jamas pienso en la muerte
    la muerte es el final del camino
    Describes muybien las situaciones con tus letras

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  9. Que original entrada, el texto muy bueno y la imagen también,saludos.

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  10. Tan injusta es la muerte como lo es la vida... Un placer tomar prestada tu mirada profunda, tan latente en tus textos... Besote Sofya! :)

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    1. Un placer es siempre que me visites, Andoni.

      Besote ;)

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