sábado, 1 de octubre de 2016

EXPRIMIRTE

Del verbo exprimir, extraer tus jugos mentales y tu sustancia emocional, apretándote contra mí, reduciéndote contra la pared, presionando nuestros cuerpos, retozando y retorciéndote de mil formas o posturas, aprovecharte al máximo, exprimirte mientras duermes y despierto mientras sueñas, exprimir cada recoveco de tu mente y succionarte hasta la saciedad, más no saciarme, ni tan siquiera contemplar la posibilidad.Todo para obtener tu mayor aprovechamiento y además disfrutar de la sádica y obscena sensación de que me puedo aprovechar. 

Lucrarme del amplio abanico de tus posibilidades, de tu inteligencia incisiva, de tus emociones ocultas, de tus pensamientos oscuros y tus reflexiones elaboradas, de tu sentir inusitado y auténtico. Además, esforzarme para que tú también te puedas lucrar de mi avaricia emocional.

Abrir tu cerebro en dos con una sierra circular y que broten círculos rojos de tu sangre rubí en el aire, y que te duela vibrando ambos, y precisamente por vibrar juntos que me duela a mí también, separar tus hemisferios y contemplar su asimetría, tocar sus desniveles, meter mis dedos entre ellos, hurgar repetidamente en sus cavidades y jugar con tu cognición de alto nivel, con tu manera peculiar de ver la realidad, palpar tus dos mentes conectadas y tocar el cable de las fibras nerviosas que las unen, y ponerte nervioso alterándome yo, tocarte en lo más profundo en una complicada tarea de conciliación de tus polaridades, dignas de fascinación, después, con mis manos amasar lentamente tu hemisferio izquierdo en un intento de poder captar cómo son realmente tus análisis paso a paso, y el derecho, para apretujar el cómo sintetizas las informaciones que te llegan, poder oler las aguas de tu río mental que fluye en esas dos direcciones  a la vez y que hace fluir tu sentir y tu sensibilidad. Con tu pensamiento vertical exprimirte de pie, y con el horizontal hacerlo acostados, con el carácter secuencial del hemisferio izquierdo exprimirte con secuencias de pequeños y entrecortados placeres desconocidos, y con el carácter múltiple del derecho, hacerlo con múltiples y potentes sacudidas conocidas ya. 

Después cerrarte con cariño, coser tu cerebro con amor y tejerlo muy despacio, completarte de nuevo, jugar a completarnos mientras cuidadosa limpio tu sangre para volver a ver tus ojos, y al conectarme con tu mirada, arrepentirme de abrirte de nuevo para ahondar esta vez en tu corazón, conformarme con que los ojos son el espejo del alma, y mirarte y poder verla, aunque escrito en ella haya un cartel de prohibido tocar.

Exprimirte… Del verbo exprimir, agotarte con pasión, abusar de ti con una falsa piedad y explotarte en mi propio beneficio, más no sólo por mi placer, retarte a que nos beneficiemos juntos de ese algo diferente, exprimir tu elíxir espiritual y si se dice del fin que es el que justifica los medios, que de paso nos sirva de escusa inexcusable para continuar.

Y en el silencio, de la ausencia de palabras, de ruidos o voces, sentir las gotas apuradas de tu fruto exprimido y al exprimirte latir y temblorosa por el cansancio dormirme, caer rendida y poder soñar… Y en mis sueños exprimirte, exprimirte aún más, y desde ellos llegar a tu alma, rozarla, tal vez besarla y acariciarla, aunque tú me la prohíbas tocar.

sK

                                                       





jueves, 22 de septiembre de 2016

LA CHICA "RARA"

Antes de conocerla había que prepararse para ello, era un ser insólito que a ratos lucía impecable un atisbo de inocencia encantador, sin embargo, el resto del tiempo como el de toda la historia mundial giraba en torno a propósitos vacíos e ideas o transformaciones desoladoras.

Fingía orgasmos cuando el hombre le cansaba, fingía alegría cuando se sentía descolada o fuera de su microclima, que era la tristeza, fingía ser consciente de sus actos cuando todos sus esfuerzos y empeños giraban en torno a alimentar su inconsciencia. Fingía como mecanismo de defensa porque estaba harta de que la llamaran “rara”, porque en las noches de luna llena paseaba sola por la playa, y en las noches estrelladas lloraba fugaz contemplando las luces lejanas de la ciudad hasta verlas borrosas o difuminadas, entonces, forzaba la vista jugando a distorsionarlas y así se distorsionaba ella, llorando porque era “rara” y manipulaba las horas con el auto-engaño, y la verdad con una peligrosa, arriesgada y cuidada puesta en escena.

Era tan “rara” que tenía un diario frío, negro y profundo:

“Cuando no pueden catalogarte o ponerte una etiqueta te llaman “rara”, eso no es malo ni tampoco negativo, te da un toque de distinción aunque a ratos te sientas profundamente triste, pero en el fondo es fantástica la sensación de estar siempre a un tris de cruzar el silencio, donde todo se vuelve frío, negro y profundo, siempre a un tris, y eso te da un toque de distinción”

sK